COSECUENCIAS
El fin de la Primera Guerra Mundial fue coronado con el
Tratado de Versalles. En vista que los Aliados
no habían entrado a Alemania todavía y la monarquía había sido depuesta, los
líderes alemanes creyeron que su país tenía bases para negociar un tratado de
paz que siguiera las líneas de los Catorce puntos del Presidente Wilson. Esta
esperanza no se vio realizada, y el Tratado de Versalles despojó al Imperio
Alemán de sus colonias y de territorio en el este y en el oeste.
Esto generó resentimiento en el pueblo alemán, que empezó a considerar que los
grupos políticos alemanes que participaron en la revolución de Noviembre, que había
precipitado la caída de la monarquía y la firma del armisticio de Compiègne,
eran los responsables de la crisis económica y política que siguió. Este
sentimiento luego fue plasmado en la leyenda de la
puñalada en la espalda; que fue utilizada por los militares alemanes
para culpar a los socialistas, comunistas y judíos de la derrota alemana en la guerra.
Más dramático fue el renacimiento de Polonia. Las esferas de influencia rusa y polaca chocaron en 1919, ya que cada bando intentó ocupar la mayor cantidad de territorio entre ellos,7 y se dio inicio a la guerra polaco-soviética. Polonia logró evitar ser derrotada en el último momento; y ambos bandos, exhaustos, cesaron las hostilidades. Sin embargo, tanto Alemania como la Unión Soviética continuaron deseando una revisión de los tratados de paz.9 Además, al igual que Checoslovaquia y Yugoslavia, Polonia contó con importantes minorías étnicas en sus territorios: alemanes, ucranianos, etc., que no se sentían representadas por sus gobiernos. Eventualmente, estas minorías contribuirían en el desmembramiento de sus Estados.
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